Sello Azul fue mi segunda pieza de microteatro. La escribí colectivamente con mis compañeros de Impropulso. La dirigió Jorge Blanco y la actuamos Gladys Laboy, Johnny Santiago y yo.
Esta vez quisimos partir de un proceso de investigación. Queríamos llevar a escena un tema poco abordado en Puerto Rico por razones políticas y sociales. Luego de investigar distintas opciones, nos decidimos por el vientre subrogado.
Así nació la historia.
El personaje de Johnny Santiago llegaba al apartamento de la abogada que yo interpretaba para hacerles una petición a dos amigas. La otra amiga era el personaje de Gladys Laboy. A partir de ese momento, la historia comenzaba a desarrollarse y el público descubriría cuál de las dos aceptaría la petición de su amigo.
Confiar en la dramaturgia colectiva y en la dirección de Jorge Blanco fue uno de los procesos más lindos que he vivido.
Ya éramos compañeros de improvisación teatral, de Impropulso y amigos. Podíamos leernos y comprendernos. Nuestra camaradería era muy espontánea y se reflejó a lo largo de todo el proceso.
La investigación fue clara y específica. También lo fueron la dirección y todo lo que cada uno de nosotros aportaba, tanto como escritores y actores. Fue una búsqueda muy íntima y genuina.
Lo que más quiero recordar de esta pieza es, precisamente, el proceso colectivo. La investigación, las conversaciones y todo lo que cada uno podía aportar hicieron posible Sello Azul.
Algo importante del proceso de escritura fue investigar el tema del vientre subrogado y escribir la idea, la sinopsis, los nombres y las descripciones de los personajes, así como el bosquejo.
Esto fue muy puntual porque organizábamos los días de escritura y delegábamos los días en que escribíamos y añadíamos al texto por separado. Luego continuábamos de manera virtual para revisar y leernos. Después llegó la lectura en papel para mejorarlo.
En esta etapa, la lectura colectiva, con las observaciones de Jorge Blanco, quien tiene un análisis de texto admirable, junto con nuestras aportaciones, contribuyó a que se fortaleciera la historia. Luego de las lecturas y del estudio del texto durante la semana, mejorábamos el texto.
Para cuando llegamos al trabajo de mesa, ya teníamos muy clara la historia y los personajes. Justo esto y la calma con la que se llevó a cabo este proceso de lectura contribuyeron al proceso. Es por esto que, cuando llegamos a los ensayos, la experiencia se fortaleció gracias a la camaradería y la confianza, y, sobre todo, pudimos disfrutar de la pieza.
Las funciones se realizaron de jueves a domingo, con cuatro funciones diarias, durante la temporada de agosto de 2023 en la sala 3 de Teatro en 15. El público observaba la historia desde detrás de unas cortinas, viendo lo que ocurría en el apartamento. Siempre me gustó mucho esa cercanía con el público.
Jorge Blanco también asumió la regiduría y Kiara Santana ocupó ese rol en varias funciones. Todo fue un trabajo colectivo y en equipo. Nos escuchábamos y compartíamos; cualquier incomodidad se expresaba con una mirada distinta y continuábamos con el proceso. Todo eso hizo que la producción fuera memorable. Amo encontrarme con personas que todavía me hablan de Sello Azul.
¿Qué aprendí de Sello Azul?
Validar que los proyectos creativos y colectivos requieren planificación.
Como escritores, fuimos muy organizados. Cumplíamos con las fechas, las tareas y los objetivos que nos proponíamos.
Había momentos en los que investigábamos juntos y otros en los que dividíamos el trabajo. Cada cual escribía una parte del texto y luego nos reuníamos en línea para leerlo, revisarlo y seguir construyéndolo entre todos.
También recuerdo con mucho cariño todas las aportaciones que Jorge Blanco hizo desde la dirección. Fue un proyecto muy limpio, genuino, bonito y honesto. Un proyecto en el que todos crecimos como escritores y como actores.
El regalo que me dejó Sello Azul fue aprender a confiar en el trabajo en equipo. Esa confianza y el tiempo que ya llevábamos conociéndonos hicieron que el proceso fuera muy especial.
Para ese momento todavía seguía descubriéndome como escritora. Las otras historias todavía no habían llegado.
Sin embargo, hoy puedo mirar hacia atrás y entender que Sello Azul fue un momento intermedio. Me permitió aventurarme, probar otra manera de escribir y seguir construyendo espacios y mundos.
Y al escribir esta entrada, me doy cuenta de que también utilizo el concepto de la tinta azul en mi poesía. Eso me parece muy interesante.
Creo que desde entonces ya no volví a escribir sola.
© Sonia Ilemar
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